El nino de las estrellas libro

Ami (trilogía)

Un libro que no puede faltar en una biblioteca, un ejemplar que todos deberíamos leerlo, o al menos aquellos que lo hicimos, contribuir con nuestro granito de arena para cambiar entre todos este mundo Logo propio. Ficha técnica: Enrique Barrios. Editorial Sirio, S. Año de publicación: Una noche, en la playa, traba amistad con un "niño" extraterrestre llamado Ami. Su autor es Enrique Barrios y nació en Santiago de Chile en La obra que voy a reseñar a continuación la comenzó a escribir en y la misma le llevó solamente ocho días.

Este es un libro ideal para aquellas personas que les gustan las historias relacionadas con lo espiritual, aunque pertenece a literatura infantil. El niño protagonista de la historia, Pedro, se va de vacaciones a la casa de su abuela. Como la misma queda cerca de la playa una noche sale a caminar y ve algo caer del cielo al agua.

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Luego de unos minutos observa que un niño se asoma a la superficie y viene caminando directo hacia él. Se acercan y comienzan a hablar. Conversando con ese joven, Pedro pudo notar que no era un chico como sus amigos, sino que era un ser de otro mundo, un extraterrestre con apariencia de niño, a quien Pedro le llama Ami que significa amigo.

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Ami, durante los viajes que hace con Pedro nos enseña la importancia de valorar todo lo que el mundo nos ofrece, y a no pre-ocuparnos: Debemos dejar de ser egoístas, soberbios, crueles, tenemos que apartar nuestro pensar ególatra y preocuparnos por el otro, ser solidarios, tiernos, afectuosos. Creo que muchos estamos de acuerdo con el planteo de Enrique Barrios.

Es un libro que hace pensar mucho y nos enriquece con aprendizaje. Comparto contigo algunos fragmentos para reflexionar: El autor nació en Santiago de Chile en Nat C. Sin descargas. Visualizaciones Visualizaciones totales. Acciones Compartido.

click Insertados 0 No insertados. No hay notas en la diapositiva. AmiEl niño de las estrellas ami estrellas. Diseño de portada: Editorial Sirio, S. Arvide Buenos Aires Del.: Alvaro Obregón Argentina México D.

Impreso en Printed in Spain ami estrellas. AmiEl niño de las estrellas Enrique Barrios ami estrellas. Es difícil, a los trece años, escribir un libro. A esta edad nadie entiende mucho de literatura Le haré caso: Dirigida sólo a quienes creen que el Universo y la vida son algo horrendo, y que el Autor de todo seguro que no existe, o que es un malvado No sigas leyendo, no te va a gustar: AmiAdvertencia ami estrellas.

Salmo Isaías 2: Primera parte ami estrellas. Todo comenzó un atardecer de verano, en un tranquilo y pequeño pueblo de playa donde vamos de vacaciones con mi abuela casi todos los años. Siempre nos quedamos en una pequeña cabaña de madera con varios pinos y arbustos en el patio, y por delante un jardín lleno de flores. Se encuentra en las afueras, cerca del mar, en un sendero que lleva hacia la playa.

Comenzó a oscurecer. Yo estaba sobre unas rocas altas jun- to a la playa solitaria contemplando el mar. De pronto vi en el cielo una fuerte luz roja sobre mí, que venía descendiendo, cam- biando de colores y arrojando chispas. A pesar de lo curio- so del hecho, creí haber sido testigo de una especie de desastre aéreo.

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Cuando ya me iba apareció algo blanco y movedizo en el punto en donde había caído el objeto: No supe si quedarme allí o tratar de bajar hasta las rocas, junto al agua, para ayudarle; pero la altura era mucha, yo iba a tardar bastante en llegar abajo, y esa perso- na parecía gozar de buena salud, a juzgar por su manera enérgi- ca y veloz de nadar. Llegó a las rocas, salió del agua y antes de comenzar a subir me lanzó una mirada amistosa y una sonrisa.

Cuando estuvo en lo alto, frente a mí, se sacudió el agua del abundante cabello y me hizo un alegre guiño de complicidad; entonces me tranquilicé definiti- vamente. Vino a sentarse en un saliente de piedra cercano, suspiró 16 Ami, el niño de las estrellas ami estrellas. En el pecho llevaba un emblema color oro, un corazón ala- do.

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Entonces pensé que su atuendo no era un disfraz, sino el uniforme de alguna organización o club deportivo juvenil rela- cionado con aviones. Su cinturón, también dorado, tenía a cada flanco varios ins- trumentos que parecían radios o teléfonos móviles, y en el cen- tro una hebilla grande, brillante y muy vistosa. Me senté a su lado. Pasamos unos momentos en silencio. Como no hablaba, le pregunté qué le había sucedido.

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Como él era un chico, pensé que el piloto tendría que ser una persona mayor. Como a él parecía no importarle mucho, imaginé que sus padres serían muy ricos. Él sonrió y no dijo nada. Fue llegando la noche y tuve frío. Él se dio cuenta, porque me preguntó: Después de unos minutos le pregunté qué iba a hacer. Pensé que estaba frente a un chico importante, no como yo, un simple estudiante en vacaciones. Él tenía un avión, un uniforme y una misión, tal vez algo secreto No me atreví a preguntarle a qué club pertenecía ni de qué se trataba su misión; me infundía algo así como respeto o temor, a pesar de lo pequeño; era diferente, demasiado silencioso.

Tal vez quedó un poco atontado por efec- to del accidente. Él se dio cuenta de mi molestia y le pareció divertido el asunto. Extrajo del cinturón uno de los aparatos; era una cal- culadora, la encendió y aparecieron unos signos luminosos, des- conocidos para mí. Sacó unas cuentas y al ver el resultado se puso a reír y dijo—: No, no, si te lo digo no me lo creerías. Llegó la noche y apareció una bonita luna llena que ilumi- naba el mar y toda la playa.

Él permanecía mirando el panorama, el cielo, las estrellas y la luna, siempre en silencio, como si yo no existiese. Entonces comencé a sospechar que ese chico no era de aquí, que venía de lejos, de quién sabe dónde; pero cada vez me iban gustando menos sus silencios, sus misterios. Pensé un buen rato antes de abrir la boca. Él me observa- ba con los ojos llenos de curiosidad y de luz, parecía que las estrellas de la noche se reflejaban en sus pupilas, se veía dema- siado radiante para ser normal. Eso era algo 20 Ami, el niño de las estrellas ami estrellas. Fue entonces cuando supe que sí venía de otro mundo.

Me sorprendí mucho con su insinuación. Comprendí entonces que quiso decir que los terrícolas no somos muy buenos, y eso me molestó un poco, pero preferí ignorarlo por el momento. Decidí ser muy cauteloso con aquel alien que pretendía rebajar mi autoestima planetaria Por momentos no lo podía creer. Sus palabras produjeron un extraño efecto en mí. Pero todavía me seguía molestando algo: Esta atmósfera le otorga un brillo, un color Volví a sentirme mal, peor ahora porque no me estaba res- pondiendo, otra vez.

No, no me creerías Una civilización de esa región colonizó el Cordón de Zeta Reticulis y ahora vive en Es un milagro Me miró con aten- ción, no parecía molesto conmigo. Retiré la cabeza; me molesta que me traten como a un niño, sobre todo otro chico, o como a un tonto, porque soy uno de los 22 Ami, el niño de las estrellas ami estrellas.

Se creía extraterrestre, por eso decía cosas tan absurdas.

Me dio vergüenza y rabia, conmigo mismo y con él. Me dieron ganas de darle un buen golpe en la nariz. Quedé paralizado, sentí temor. Lo miré y me pareció que sonreía victorioso y burlesco, y eso no me gustó, preferí creer que aquello fue una casualidad, una coincidencia entre lo que yo pensé y lo que él dijo. Una idea genial me vino a la cabeza: Le hizo gracia mi torpe disimulo. Yo no estaba dispuesto a ceder un milímetro. Estiró las piernas y apoyó los codos sobre la roca. Fue como un golpe en el estómago. Me dieron ganas de llo- rar, me sentí tonto y torpe.

Decidí no volver a desconfiar de él. Otra vez me causaba sorpresa y admiración. Luego exclamó con entusiasmo: AmiCapítulo 2 Pedrito volador ami estrellas. Pensé que se iba a matar. Fui corriendo lleno de angustia a echar un vistazo hacia el abismo. No pude creer lo que vi: Pero de inmediato recordé que no debía sorprenderme demasiado por nada de lo que hiciera aquel alegre y extraordi- nario ser de las estrellas.

Bajé de la roca como pude, con gran cuidado, y me uní a él en la playa. Pensé que me hubiera gustado actuar como él, pero yo no podía sentirme tan libre y alegre así como así. Vino a mi lado intentando animarme y dijo con gran entusiasmo—: Me tomó de la mano y sentí una gran energía en el brazo, en todo el cuerpo, y comenzamos a correr por la playa. Parecía suspenderse en el aire unos momentos antes de caer sobre la arena.

Poco a poco fui dejando de pensar como de costumbre, fui cambiando; ya no era yo mismo, el de siempre. Animado por el chico de blanco, fui modificando mi forma de pensar, fui deci- diéndome a ser liviano como una pluma, estaba poco a poco aceptando la idea de ser un ave. Cada vez lo hacíamos mejor, y eso me sorprendía.

Parecía otra forma de existir, otro mundo.

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Para mí fue como un sueño. Cuando me sentí cansado me lancé sobre la arena jadeando y riendo feliz. Había sido algo fabuloso, una experien- cia inolvidable. No sabía todavía nada acerca de las sorpresas que me tenía preparadas aquella noche increíble Mi amigo, tendido sobre la arena bañada por la claridad de nuestro satélite natural, con- templaba con deleite, extasiado, esos movedizos reflejos sobre las aguas nocturnas; luego se regocijaba mirando la luna llena.

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La energía atómica al lado de ellas es como un fósforo al lado del sol. Recogida en librería gratis. Él permanecía mirando el panorama, el cielo, las estrellas y la luna, siempre en silencio, como si yo no existiese. Aquí mismo en la Tierra hace un millón de años esto era un infierno, bueno, no para las criaturas que vivían felices ahí, sino que lo sería para nosotros. LinkedIn emplea cookies para mejorar la funcionalidad y el rendimiento de nuestro sitio web, así como para ofrecer publicidad relevante.

Yo nunca había pensado que lo fuera, pero ahora que él lo decía Suspiró mirando hacia un punto del cielo a nuestra derecha.